La Opinión

Alberto Rodríguez, el defensa que nos engañó a todos

Alberto Rodríguez, el defensa que nos engañó a todos

Foto: Esthefania Bedoya

Alberto Rodríguez regresó a la selección peruana en 2016 y es la cara del cambio. El líder de la defensa peruana estuvo impasable ante Ecuador e hizo de Felipe Caicedo un ‘jugador fantasmal’.

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Le dicen ‘Mudo’, pero sus anticipos son más elocuentes que cualquier palabra guardada en su interior. Él habla con su clase, contagia ganándole al tiempo y sus acciones transmiten serenidad al resto. A tal punto que no es descabellado asegurar que lo mejor que posee Christian Ramos es a Alberto Rodríguez. Un zaguero de garantías que ordena, sincroniza y comanda una zaga nacional que, a pesar de encajar algunos goles, ha ganado en solidez y seguridad. En el Atahualpa de Quito volvió a dar cátedra de cómo anular a un punta de talla mundial como lo es Felipe Caicedo, como también supo hacer con Suárez en el Nacional de Lima, y, no en vano, para muchos fue calificado como el punto más alto del compromiso.

A sus 33 años, a Alberto Rodríguez le sobra combustible para liderar en el fondo al colectivo de Perú, dado que en las Clasificatorias, uno de los campeonatos más difíciles del mundo, responde con solvencia y maneja las distintas fases del juego.

Frente al conjunto de Quinteros, estuvo correcto por abajo y no perdió duelos por arriba. Lo mismo ocurrió en la Copa América Centenario, un torneo donde dio crédito a su regreso. Al retornar auspició esa cuota de experiencia y conocimiento en el centro de la defensa, que no teníamos con Carlos Zambrano. Un gran cortador de circuitos, sí, pero al que continuamente se le pelaba algún cable. En más de una oportunidad confundió fuerza con agresividad y tuvo que dejar a Perú en inferioridad numérica, al irse prematuramente a las duchas. Así ocurrió ante Venezuela en Lima, por ejemplo.

Entonces, la antítesis a Zambrano es Rodríguez. Los números no mienten y difícilmente lo veamos recibir una tarjeta amarilla. Es más, desde su retorno a la ‘bicolor’, en marzo de 2016, solo le mostraron una amonestación. De manera que en los 17 compromisos que registró entre Eliminatorias (9), Copa América Centenario y amistosos, Haití fue el único rival capaz de propiciar una cartulina para el zaguero de Universitario de Deportes. Sin duda, un dato no menor que remarca la autoridad y la destreza del ‘Mudo’ para cumplir su labor y salir siempre ‘limpio’ de las jugadas.

Sin Alberto Rodríguez, a quien Gareca detectó a tiempo como el comandante de nuestra última línea, quizá no seguiríamos con vida en estas Clasificatorias. Su entrada al equipo modificó todo. Podemos asegurar, incluso, que nos confundió a todos. Cuando a principio del año pasado pensábamos que sin equipo ni continuidad no sería ni la sombra del jugador que supo marcar diferencias en Portugal, volvió al ruedo para darnos lecciones de engaño; pues con un movimiento de cuerpo es capaz de arrinconar al atacante contrario hacia los lugares que él desee, como sucedió con Caicedo, si antes no lo anticipó y neutralizó como el gran ‘tiempista’ que es.

Alberto mide, interpreta la acción y roba eso que siente que le pertenece: la pelota. Con ese don con el que deja conducir a su cuerpo y liberar todas sus cualidades, entre ellas: la intuición. Aquella misma que le sobra para desarrollarse en el campeonato nacional, que tranquilamente lo podría devolver a Europa y que, debido a la sobriedad que le han inyectado los años, hoy el fútbol peruano goza de un central más completo que el que nos defendía antes.