El comentario de moda después de la derrota de la Roma 5-2 ante Liverpool por la Champions League fue: “Un crimen que el DT Di Francesco haya jugado mano a mano contra los tres importantes delanteros que tiene el equipo red”. Hablan, por su puesto, de Mané, Firmino y Salah, un tridente de lujo.

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Durante los primeros vente minutos, el partido fue parejo. De hecho, fue Roma el equipo que tuvo la jugada más peligrosa tras un remate de Kolarov que se estrelló en el palo. ¿Qué hizo Roma durante esos minutos? Obligó a Liverpool a tener un juego posicional, antes que otro directo, léase su especialidad.

Defender con igualdad de número en defensa supone un riesgo mas no un suicidio. Sí, es probable que Roma debió destinar un jugador más para tener mejores relevos; sin embargo, haber salido a jugar mano a mano no fue el verdadero problema del equipo italiano.

Durante esos primeros 20 minutos, las transiciones de Roma fueron buenas. Cuando la pelota llegaba a Firmino, Salah o Mané, los italianos colocaron una línea de cinco defensas debido al buen trabajo táctico-defensivo que realiazaron los carrileros, algo que no sostuvieron durante los otros 70 minutos.

Pero el gran problema de la Roma fue cuando decidió reducir espacios de asociación al Liverpool desde el achique, adelantado sus líneas en el campo de juego. Una vez que decidió salir, facilitó el trabajo a los espacios que tanto favorecen al equipo inglés. Con un alto porcentaje de acierto en el pase a una alta velocidad, Liverpool mata con estas jugadas.

Roma creyó que utilizando la marca zonal con poca vigilancia sobre el tridente de Liverpool era suficiente para emparejar el duelo y los ingleses sacaron provecho de un Salah que anduvo eficiente y eficaz en su juego. Roma se creyó un equipo de Premier League y terminó llevándose una goleada. El offside no fue su mejor amigo, sino su principal enemigo.