Cuando no se puede jugando, cuando no se puede elaborando, la pelotita parada... 

>> Francia celebró en París la Copa del Mundo

El recordado periodista Daniel Peredo utilizaba esta frase cuando a los equipos les costaba generar situaciones claras de gol desde el funcionamiento y tenían una opción desde la pelota parada, que tomó protagonismo en la Copa del Mundo de Rusia 2018.
 
La cifra habla por sí sola: 73 de los 169 goles marcados fueron con balón detenido; es decir, el 43% en el Mundial. Y 30% si no se cuentan los goles de penal. Perú y Senegal fueron los únicos que no anotaron así.
 
Pero, ¿por qué tomó tanto protagonismo la pelota parada en esta competición?
 
Dos interpretaciones. La primera está relacionada directamente con el uso del VAR. La advertencia de revisión de jugadas dentro del área provocó que los defensores tuvieran mucho más cuidado con los usuales agarrones, tirones de camiseta y forcejeos que en otras oportunidades, por lo que esto permitió una mayor facilidad de movimientos a los equipos que atacaban de esta forma.
 
La segunda es más profunda. Y está relacionada con el juego. En un Mundial que los colectivos táctico-defensivos se impusieron a la gambeta y el desequilibrio -por eso no aparecieron Neymar ni Messi-y con pocas variantes ofensivas en su máxima diversidad, la pelota parada terminó siendo protagonista a partir de las pocas ideas, falta de eficacia y mala puntería -Giroud no remató una sola vez al arco y jugaba en el equipo campeón-.
 
La pelota parada, en definitiva, fue clave para abrir puertas cerradas. Para desequilibrar partidos parejos desde el trámite. Para recordarnos que la táctica fija no debe ser menospreciada como la última alternativa, sino como la principal de este Mundial.