Escribe Horacio Zimmermann

Lo ganó la U. En un tiempo. Dando vuelta al marcador. Acomodando la táctica a las circunstancias que fue ofreciendo el encuentro en el Monumental. Y con mucha actitud. La U, claramente, entendió que únicamente en el terreno futbolístico iba a ser difícil vencer a Cristal. Por eso salió a ganar en el terreno anímico. Así equiparó el partido. Y hasta logró ganarlo. En base a la fuerza. A ganar las divididas. Y a nunca dejar de luchar.

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Cristal tuvo más tiempo la pelota en el segundo tiempo. Se apoderó del juego territorialmente. Metió a la U y lo obligó a no arriesgar más de lo debido. Lo sometió y no le dejó otra opción que dedicarse a pelear por defender el 2-1 a favor. Sin embargo, las opciones más claras de los rimenses en esta etapa no llegaron por consecuencia de su reconocida capacidad para asociarse. Por su juego. Por su toque. Sino por su empuje. Y por los errores de Zubzuck. Lástima para sus intereses que no haya encontrado premio a la insistencia. La puntería en el último remate les falló.

Y a quienes no les falló fue a los cremas. Dos errores de Cristal dentro del área les permitieron ganar el partido. Primero en el error de Álvarez y luego en el de Merlo. Y ya saben cómo es el fútbol: gana el que aprovecha y pierde el que dilapida. Tuvo poco con la pelota el equipo de Córdova. No se desmerece el triunfo porque finalmente supo encontrar el empate, justificarlo y pelear por defenderlo; sin embargo, más allá de algunos buenos momentos con la pelota luego del 1-1, el equipo merengue dedicó más tiempo a evitar ser sorprendido que a sorprender. La diferencia estuvo en el terreno anímico. La U dejó en evidencia que jugó una final.