Por: Horacio Zimmermann
 
Se ha ido un amigo. Y no sé si es justo, solo sé que es cierto. 
 
Hoy quiero escribir sobre ti, Daniel. El último martes -un día como hoy- almorzamos juntos. Nos citamos en la cevichería de la esquina de mi casa. Aprovechamos el lugar para ver el que fue nuestro último partido juntos: Juventus vs. Tottenham. Nos juntamos, principalmente, porque me habías pedido ayuda para un evento que tenías el 27 de febrero. Y también porque querías reinaugurar tu página de Facebook. El día anterior me habías mandado un audio: "Piensa qué podemos meter". Almorzamos, vimos fútbol y conversamos. 
 
Después no nos vimos hasta ayer, en la Pichanga de los Lunes. ¿Te acuerdas cómo se nos ocurrió? Un día cualquiera del 2016, en una de esas conversaciones interminables de fútbol que teníamos a través del chat de Facebook te dije: "Por qué no dejamos de hablar de fútbol y lo jugamos". No se diga más, juguemos, fue tu respuesta. "¿Qué día sería oportuno?", preguntaste. Por las noches no porque la mayoría de colegas tiene programa. Quedamos entonces en que el fulbito tenía que ser de día. Lunes. Ciérralo.
 
Yo convoqué a algunos amigos cercanos. Tú hiciste lo mismo. Creamos un grupo de Whatsapp, en el que ambos éramos administradores, convocamos y la gente estuvo de acuerdo con el día y la hora. Hablaste con la gente de Aelu, tu club, y a la semana siguiente estábamos jugando. La pichanga se volvió una tradición. No solo porque jugábamos, sino también porque era el momento adecuado para hablar, joder y debatir sobre lo que había sucedido el fin de semana con el fútbol. 
 
Eras en las pichangas tal cuál eras en tus transmisiones. Narrabas los partidos. Conduce, pasa, ocupa el espacio, pausa. Esas eran algunas de tus indicaciones. No entrabas a la cancha, eso sí, sin antes tirar dos o tres bromas. O contar una o dos anécdotas. Cuántos partidos en el mismo equipo. Cuántos pases de gol y abrazos juntos. Formamos un grupo unido que te va a extrañar, cabezón. Aunque lo hicimos juntos, reconozco que fuiste tú quien puso más ímpetu en la formación de este grupo de amigos.
 
Ayer fue nuestra última pichanga juntos. Y ganamos. Por cosas del destino, no hubo la clásica foto postpartido. Luego te fuiste, Dani. Quién iba a pensarlo. Pero, ¿sabes algo? Siento que ganamos todos. Y lo digo con el mismo ímpetu con el que gritabas esa bendita palabra cada vez que sonaba el pitazo final del árbitro y la Selección triunfaba. ¡Ganamos! Todos ganamos contigo. Quizás el haber estado tanto tiempo juntos hizo que no nos diéramos cuenta a quién teníamos al lado. Teníamos a Daniel Peredo. 
 
Todos nos hicimos un poquito más periodistas por ti. 
 
Sé que en este momento odiarías que dejáramos de jugar los lunes. No será así. Te lo prometo. La Pichanga de los Lunes continuará como uno de los tantos legados que nos dejas. A todos. De hoy en adelante, llevará tu nombre y apellido. Y cada gol será gritado al cielo. Porque a pesar de que no sepamos si es justo, y solo que es cierto, un gol más va a haber. Un abrazo al cielo, amigo. Nunca te olvidaremos.